
Voz
No siempre he sentido que pudiera tener “voz”. Veo a los demás y noto que algo en mí funciona un poco diferente. Como si las palabras abrieran un pequeño abismo entre lo que quiero decir y lo que finalmente consigo expresar.
El cine
El cine fue una puerta mágica. Atravesarla era entrar en un idioma que sí entendía, y una vía de escape en la que podía sumergirme por completo. Poco a poco se fue convirtiendo en mi refugio, mi herramienta y mi forma de expresión. Empecé a sentir algo nuevo para mí: que podía entender y transmitir.
Me regaló una voz. ♡
Las palabras
Soy una disléxica que intenta relacionarse con las palabras bailando con ellas. Moverlas, transformarlas y llevarlas hacia otros lenguajes —visual, sonoro, sensorial, emocional, rítmico, no verbal…— es, quizás, lo que más me fascina del cine: entrelazarlos, poder hacerlos convivir.
Lo cercano
Mi mirada se construye con lo cercano: con lo que observo, con lo que siento y con aquello que queda latiendo entre el cuerpo, la intuición y la imaginación.
Expresar(me) me nace. Y con ello, las ganas de experimentar, jugar, aprender —y equivocarme—.
Ahora
Ahora mismo habito sobre todo el montaje, mientras algunas historias propias van tomando forma desde la dirección y el guion.
Como montadora
En el montaje, me gusta ser fiel a la emoción y acompañar la historia. A partir de ahí empieza la búsqueda: encontrar su ritmo, construir su atmósfera y descubrir la forma que cada película necesita. Me gusta pensar que cada proyecto contiene algo propio a lo que hay que aprender a acercarse. El proceso no viene dado: se descubre.
Me fascina que esa forma no tenga por qué estar decidida de antemano. El guion puede ser el punto de partida, pero en montaje la estructura todavía puede moverse, transformarse, romperse incluso, y volver a construirse si la película lo necesita.
El proceso
Entiendo el montaje como un proceso creativo en diálogo con la dirección y con el punto de vista propio de cada película. Una escucha constante del material para descubrir hacia dónde quiere ir.
La técnica está ahí para acompañar esa búsqueda, no para imponerse sobre ella. A veces me interesa más una imperfección capaz de hacerte sentir algo que una decisión técnicamente perfecta que no lo consigue.